Triollo – Fuente Dé (Mayo 2017)

– Prólogo –

Hacía bastante tiempo que se había gestado la idea pero en las semanas previas el nerviosismo y las ganas eran latentes. La organización que nos iba gestionando y detallando Aguilera día tras día aumentaba esa sensación. No veíamos la hora de partir hacia lo que sabíamos seguro sería una experiencia inolvidable. La incertidumbre de la meteorología sobrevolaba la posibilidad de que se fuera al traste el objetivo principal del viaje: Subir en el teleférico de Fuente Dé!

– Día 1.- Una vueltecita por Triollo –

La primera toma de contacto por tierras del norte, en este caso Palentinas, se presentaba como un paseíto tranquilo por los alrededores de Triollo y más concretamente el embalse de Camporredondo. Salimos desde la misma casa Rural donde nos alojábamos y empezamos a rodar por la carretera para bordear el embalse en sentido anti-horario.

Nada más empezar y para no cambiar las viejas costumbres pam! pinchazo al canto. Rober esta vez. Claro le tuvimos que cantar el último tema que está de moda entre el grupo: Tuuuubelizateeeee!!

Reparación rápida y reanudamos la marcha… Carretera y más carretera con el embalse siempre presente a nuestra izquierda y rodando entre montañas en un paisaje increíble.

Una vez llegamos a la cola del embalse y cruzamos el puente Agudín nos desviamos a la derecha para, un poco más adelante, empezar la escalada hacia la sorpresa del día: la cascada de Mazobre. Menos mal porque aunque todavía teníamos la  comida en la panza el cuerpo ya nos iba pidiendo un poquito de marcha. Y valla si la tuvimos. Nos esperaba una larga, empinada y pedregosa subida que nos hizo sudar pero bien. El esfuerzo mereció la pena. El sitio es una pasada claro pero es que además sabíamos que por donde habíamos sufrido subiendo, íbamos a disfrutar bajando.

Después de un merecido descanso y las fotos de rigor nos tiramos como locos bajando a todo trapo. El olor a pastillas quemadas se percibía perfectamente. Una vez abajo Tomy constató la temperatura de sus discos dejando la huella del guante sobre uno de ellos al tocarlo jajaja….

Retomamos el camino de vuelta haciendo una parada en el puente Agudín y más adelante una última parada en el mirador del Alba. Desde ahí nos lanzamos carretera abajo donde pisamos el acelerador como si nos persiguiera el mismísimo diablo y después de unos kilómetros de buen rodar llegamos de nuevo a la casa donde los mecánicos se pusieron manos a la obra para dejar a punto las máquinas mientras unos se duchaban y otros nos tuvimos que fastidiar y quedarnos a esperar nuestro turno mientras nos tomábamos unas cervezas pero bueno alguien se tenía que sacrificar jejeje…..

 

 

– Día 2.- Fuente Dé –

Y por fin amaneció el gran día. Tocó madrugar (como siempre vaya) porque teníamos que estar en Fuente Dé a las 9 para coger el primer viaje de subida ya que luego no se permitía el acceso de bicis en las cabinas. Allí estábamos a las 8 y media más o menos y nos tocó hacer un poco el tonto por allí porque la hora verdadera de apertura en ese día eran las 10. Aguilera nos había “engañado” para no ir justos de tiempo pero mejor así para asegurarnos la pole position. Después de la espera y de comprobar lo bien que sube las escaleras la bici de Burky llegó el momento de la verdad. Hacía bastante aire y nos temíamos lo peor. Efectivamente, una vez abrieron las instalaciones nos confirmaron que había activada una alerta por viento hasta las 12 del mediodía. Las lecturas en la cima eran de rachas de hasta 82km por hora por lo que la cosa pintaba regular. Después de barajar varias opciones se decide por la única que parecía válida. Así que a esperar hasta las 12 y a cruzar los dedos. Posicionamos las bicis en la puerta para que no nos quitaran el sitio y fuimos pasando el rato y algo más tarde hasta nos permitimos el lujo de almorzar. De vez en cuando nuestros corresponsales destacados en la zona iban preguntando y nos daban buenas noticias: las rachas de viento iban amainando. Cuando por fin tuvimos el permiso para embarcar, todas las preocupaciones se esfumaron. Empezaba la diversión extrema. Bueno todavía no porque he de reconocer que hasta yo me puse algo nerviosete cuando a punto de culminar la cabina empezó a pitar, se paró y el chófer nos dijo que nos sujetáramos que la cosa se iba a menear un poco. Al final ejecutó la maniobra de entrada sin problemas. Desembarcamos y nos fuimos para el exterior a prepararnos. El viento soplaba con ganas. Había  que sujetar todo bien porque si no corrías el peligro de que se te volara hasta el mismísimo casco! Todos preparados iniciamos la marcha por una ascensión inicial de unos 200m. Llegados a la cima……….tres, dos, uno……igniciooooooonnnn!

Empezamos a bajar como condenados por la pista. Los que hayan bajado por ahí anteriormente ya sea andando o en bici os podrán decir que es un paseíto pero desde luego si bajáis a nuestro ritmo amigos os aseguro que la cosa cambia radicalmente. No hay lugar a errores. La velocidad elevada, la cantidad de piedra suelta y en esta ocasión el fuerte viento lateral son constantes y hacen extremar las precauciones y aumentar la diversión. Tras cada parada había  comentarios con la adrenalina rebosando y tampoco faltaba algún que otro ajuste de presiones de neumáticos claro jejejeje.

Tras un buen rato bajando y ya pasado el Hotel de Aliva seguimos a saco hasta que Burky revienta una rueda. Parada y reparación pero iniciamos la marcha y al poco tenemos que volver a parar porque la reparación no ha sido efectiva. No sólo eso sino que después de volver a reparar y antes de iniciar la marcha nos damos cuenta que la otra rueda también está reventada así que toca volver manos a la obra. El caso es que se empiezan a cerrar las nubes y comienza a llover. Nos metemos en un pequeño refugio un poco más abajo y terminamos las reparaciones. Seguimos descendiendo y nos reagrupamos con los que han seguido que están medio “pajaritos” detrás de unas rocas. Teníamos hasta el momento: viento, lluvia…que más nos depararía el resto de la ruta?

Continuamos ya todos juntos por el impresionante paraje y ya un poco más relajados para evitar más percances. La tranquilidad duró poco porque empezamos a subir hacia Sotres y un poco más allá hacia el alto de Jito de Escarandi, puerto final de la vuelta ciclista a España en una de sus etapas. Sobra mencionar la dureza de esta larga y empinada subida que, aunque por asfalto, te deja las piernas y la espalda para el arrastre. El viento allí arriba soplaba pero bien pero nada tenía que ver con el esfuerzo realizado que, si bien era por asfalto, la dureza era más que considerable. Por eso tanto el viento como la lluvia que nos volvía a visitar casi eran lo de menos. Seguimos la marcha hacia con la lluvia siempre como compañera rodando por uno de los parajes más espectaculares del día: una pista bordeando un desfiladero que impresionaba ya que no se veía el fondo. La vegetación se hacía más densa a la par que bonita y la lluvia aumentaba pero eso daba igual, merecía la pena. Buen rodar y bajadas increíbles por pistas de hormigón  que pusieron a prueba nuestros frenos. Tanto es así que poco antes de llegar a Bejes nos paramos por un extraño ruido en la bici de Jose Angel. Hostias si la pinza delantera está fuera y el puente y el disco retorcidos! Resulta que el tornillo inferior se ha salido y ha provocado la avería que felizmente ha quedado en una anécdota pero que pudo ser catastrófica. Seguimos la bajada hasta la Hermida y Jose va sin freno delantero, madre mía qué peligro.

Llegamos por fin a la Hermida sin lamentar ningún incidente más y nos vamos para la plaza donde amablemente nos atienden en un bar que estaban ya cerrando. Mientras nos refrescamos y degustamos los quesos y embutidos que nos ponen aprovechamos para “tender” la ropa por los bancos de la zona para que se seque mientras esperamos el transporte que nos llevará de vuelta a Fuente Dé donde, después de cambiarnos de ropa, cogeremos las furgos e iremos a Potes a por la entrega de trofeos: chuletón de a kilo! Para hacer tiempo nos damos una vueltecita para tomarnos unas sidras unos, unas cervezas otros. Vamos al restaurante donde nos ha recomendado el chico de la pick up que nos ha traído y la verdad es que nos ponemos como gochos aunque no detallaré más, esto se queda para los que estuvimos allí jejejeje.

Después de la magnífica cena vuelta para casa no sin antes volver a parar en el mirador que ya habíamos visitado por la mañana para que nos dé un poquito más el viento. Llegamos la casa, duchitas, comentarios, felicidad en general y….a sobar.


 – Día 3.- Peña de Santa Lucía –

La ruta se planteaba como suave paseo por los alrededores del pueblo pero esta vez tirando hacia Vidrieros aunque cuando vimos el perfil del track había un pico (Peña de Santa Lucía) que no pintaba como suave precisamente. Salimos del pueblo esta vez hacia la izquierda rodando por un bonito camino flanqueado por el río Carrión con ligera pendiente positiva. Tras unos 8 kilómetros nos desviamos a la derecha y empezamos una subida por un bonito bosque. Hacemos una pequeña parada y reanudamos la marcha con una breve bajada que nos pone en las puertas del mismísimo infierno. Digo esto porque empieza una dura ascensión de esas que te dejan con los riñones hechos papilla y eso que es de poco más de 1 kilómetro. Después la cuesta da un brevísimo descanso para, ahora sí, empezar la escalada a Peña Santa Lucía. Lo de escalada es literal porque cuesta hasta subirla andando. Es poco menos de un kilómetro pero se hace eterno. Claro está todo él se hace a patita con la bici a cuestas. Cuando después del calvario llegamos arriba…..siiii, efectivamente, un poco más de viento. Nos metemos en el pequeño refugio a descansar un poquillo. Reanudamos la marcha, ahora cuesta abajo, eso sí, el infierno continuó. Ni las cabras bajaban por ahí. Una pared de rocas imposible de ciclar nos obligó a hacer un poco más de empuja bike esta vez hacia abajo. Superada esta zona, el camino es imperceptible por lo que guiándonos por el track vamos campo a través hasta encontrar un sendero, no sin antes dar alguna que otra vuelta, por donde por fin empieza la diversión. Una bajada súper rápida llena de piedras que nos pone los brazos a prueba. Unos 4 kilómetros de subidón de adrenalina. Ahora toca rápido para la casa a ducharnos, cambiarnos y a zampar a Vidrieros que nos espera el camino de vuelta hacia Madrid.

 

– Epílogo –

Han pasado ya tres semanas de este fantástico viaje y aunque normalmente escribo las crónicas de las rutas unos días después, esta vez ha sido diferente. No sé, quizá inconscientemente no quería escribirla. No porque no me apeteciera, al contrario. Para mi escribir una crónica es en cierta manera como volver a hacer la ruta. Pero también es darla por terminada y en esta ocasión no quería que eso pasara. Quería tenerla por siempre en mi mente, pensando en cómo la iba a describir, como sería capaz de plasmar mínimamente lo allí acontecido. Al final me he dado cuenta que eso es imposible. Sólo los que allí estuvimos podemos sentir plenamente todas las sensaciones vividas, no sólo encima de la bici, sino en los demás momentos del día. Lo que aquí he contado es un resumen resumido. Gracias a todos los que habéis hecho que todo esto sea posible.

Hasta la próxima Bicilocos….

 

 

 

 

 

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